Evaluación de un Programa de Terapia de Juego Integrativa en el Desarrollo Socioemocional y la Regulación Conductual de Niños con Trastornos del Neurodesarrollo en Las Tunas
Evaluación de un Programa de Terapia de Juego Integrativa en el Desarrollo Socioemocional y la Regulación Conductual de Niños con Trastornos del Neurodesarrollo en Las Tunas
Dra. Yurisbel Corrales Góngora
ABSTRACT
Introduction: Neurodevelopmental disorders (NDDs), particularly autism spectrum disorder (ASD) and attention-deficit/hyperactivity disorder (ADHD), are frequently associated with intellectual disability (ID) and difficulties in behavioral and emotional regulation. Play therapy is a natural approach, yet few studies have explicitly integrated sleep habits, circadian rhythms, and nutritional status as modulators of readiness to play.
Objective: To evaluate the effectiveness of an Integrative Play Therapy program on the socio-emotional development and behavioral regulation of children with NDDs and comorbid ID, considering the influence of lifestyle factors.
Methods: A pilot study utilizing a mixed-methods, pre-post design without a control group was conducted. A total of 18 children (aged 5–10 years) with ASD/ADHD and ID attending the Special Education School Center Turcios Lima (Las Tunas, Cuba) participated. The intervention consisted of 12 individual play sessions, group sessions, and parental meetings. Validated scales (CBCL, PSI-SF, CSHQ), systematic observation (EJOS Scale), interviews, a focus group, and a therapist’s journal were used. Sleep habits, anthropometrics (weight, height, BMI), and screen time exposure were recorded.
Results: Significant improvements ($p < 0.01$) with medium-to-large effect sizes were found in behavioral regulation (CBCL Externalizing: $d = 0.71$), socio-emotional play (EJOS: $d = 1.20$), parental stress (PSI-SF: $d = 0.58$), and sleep quality (CSHQ: $d = 0.62$). Initially, 82% of the children failed to master flat symbolic materials, which was corrected using three-dimensional objects. Sleep duration correlated positively with improved play readiness ($r = 0.52$; $p = 0.02$), whereas screen exposure correlated negatively ($r = -0.49$; $p = 0.03$). Qualitative analysis revealed five main themes: improvement in emotional regulation, impact of sleep and dietary routines, difficulty with abstract materials, benefit of extended individual sessions, and gradual transition to group play.
Limitations: Small non-probabilistic sample (inherent to a pilot study), lack of a control group (due to ethical and feasibility constraints), reliance on subjective measures (without physiological biomarkers), and nutritional assessment limited to anthropometry (without biochemical indicators).
Conclusions: The program provides preliminary evidence of effectiveness in enhancing behavioral regulation and socio-emotional skills in children with NDDs and comorbid ID. Controlled trials with larger sample sizes, control groups, and biomarkers are required to consolidate these findings.
Keywords: Play therapy; Neurodevelopmental disorders; Autism spectrum disorder; Attention deficit hyperactivity disorder; Intellectual disability; Sleep quality; Socio-emotional development.
Resumen
Introducción: Los trastornos del neurodesarrollo (TND), especialmente el trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), se asocian frecuentemente a discapacidad intelectual (DI) y a dificultades en la regulación conductual y emocional. La terapia de juego es un abordaje natural, pero pocos estudios han integrado explícitamente los hábitos de sueño, ritmos circadianos y estado nutricional como moduladores de la disposición para el juego.
Objetivo: Evaluar la efectividad de un programa de Terapia de Juego Integrativa en el desarrollo socioemocional y la regulación conductual de niños con TND y DI comórbida, considerando la influencia de los estilos de vida.
Métodos: Estudio de métodos mixtos, con diseño pre-post sin grupo control, de carácter piloto. Participaron 18 niños (5-10 años) con TEA/TDAH y DI, atendidos en el Centro Escolar Especializado Turcios Lima (Las Tunas, Cuba). Se implementaron 12 sesiones individuales de juego, más sesiones grupales y encuentros con padres. Se aplicaron escalas validadas (CBCL, PSI-SF, CSHQ), observación sistemática (Escala EJOS), entrevistas, grupo focal y diario del terapeuta. Se registraron hábitos de sueño, antropometría (peso, talla, IMC) y exposición a pantallas.
Resultados: Se encontraron mejorías significativas (p<0.01) con tamaños del efecto medianos a grandes en regulación conductual (CBCL externalización: d=0.71), juego socioemocional (EJOS: d=1.20), estrés parental (PSI-SF: d=0.58) y calidad del sueño (CSHQ: d=0.62). El 82% de los niños no lograba dominar materiales simbólicos planos, lo que se corrigió con objetos tridimensionales. Las horas de sueño se correlacionaron positivamente con la mejoría en la disposición para el juego (r=0.52; p=0.02), y la exposición a pantallas negativamente (r=-0.49; p=0.03). El análisis cualitativo reveló cinco temas: mejora en regulación emocional, impacto de rutinas de sueño y alimentación, dificultad con materiales abstractos, beneficio de sesiones individuales prolongadas y transición gradual al juego colectivo.
Limitaciones: Muestra pequeña y no probabilística (propia de estudio piloto), ausencia de grupo control (por razones éticas y de viabilidad), dependencia de medidas subjetivas (sin biomarcadores fisiológicos) y evaluación nutricional solo antropométrica (sin bioquímicos).
Conclusiones: El programa muestra evidencia preliminar de efectividad para mejorar la regulación conductual y las habilidades socioemocionales en niños con TND y DI comórbida. Se requieren ensayos controlados con muestras más amplias, grupo control y biomarcadores para consolidar estos hallazgos.
Palabras clave: Terapia de juego; trastornos del neurodesarrollo; trastorno del espectro autista; trastorno por déficit de atención e hiperactividad; discapacidad intelectual; calidad del sueño; desarrollo socioemocional.
Introducción
Los Trastornos del Neurodesarrollo (TND) constituyen un grupo de afecciones de base biológica que impactan la maduración del sistema nervioso central desde etapas tempranas. Entre ellos, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se cuentan entre los más diagnosticados en la clínica infantil. La prevalencia global del TEA se estima en aproximadamente un caso por cada 160 niños (Organización Mundial de la Salud, 2019), mientras que el TDAH afecta entre el 5% y el 7% de la población infantojuvenil mundial (Salari et al., 2023). Estas condiciones implican alteraciones en la comunicación social, la flexibilidad cognitiva, el procesamiento sensorial y la regulación emocional, lo que repercute profundamente en el niño, su familia y su entorno escolar. Un aspecto crítico es la dificultad en la modulación de emociones y conductas, que frecuentemente se expresa en desregulación, crisis y estrés mantenido, generando un ciclo que, como señalan Siegel & Bryson (2012), obstaculiza el desarrollo y la neuroplasticidad.
Las intervenciones tradicionales han tendido a fragmentar los dominios del desarrollo, sin reconocer su naturaleza integrada. Frente a esta limitación, la Terapia de Juego se presenta como un abordaje especialmente adecuado. Diversos autores clásicos y contemporáneos coinciden en que el juego constituye el medio natural de expresión, aprendizaje y regulación para el niño (Landreth, 2012). No obstante, en niños con TND, especialmente aquellos que también cursan con discapacidad intelectual (DI), es necesario un enfoque integrativo que trascienda la simple aplicación de técnicas, concibiendo al niño como una unidad biopsicosocial (Bravo et al., 2024). Factores como el estado del sistema nervioso autónomo [descrito por la Teoría Polivagal (Porges, 2022)], las particularidades sensoriales, la calidad del vínculo con el terapeuta, y aspectos de estilo de vida como el sueño, la alimentación y los ritmos circadianos (Licata et al., 2024; Miike et al., 2024), modulan la disposición para el juego. Un aporte novedoso de este estudio es considerar explícitamente que el estado de sueño, la alimentación y los ritmos de actividad del niño influyen directamente en su capacidad para involucrarse en el juego terapéutico.
Problema científico
A pesar del reconocimiento de la Terapia de Juego como un abordaje natural y efectivo para niños con TND, en el contexto cubano y específicamente en la provincia de Las Tunas no existen programas estructurados que integren de manera explícita las dimensiones neurobiológica, sensorial, emocional, relacional y de estilos de vida (sueño, nutrición, ritmos circadianos). Esta fragmentación limita la efectividad de las intervenciones y desaprovecha la oportunidad de abordar al niño como una unidad biopsicosocial. Por otra parte, se desconoce en qué medida factores moduladores como la calidad del sueño o el estado nutricional influyen en la disposición para el juego y, por tanto, en la respuesta terapéutica de niños con TND y discapacidad intelectual comórbida.
Por lo tanto, el problema científico que guía esta investigación es: ¿Un programa de Terapia de Juego Integrativa, que considere explícitamente los hábitos de sueño, ritmos de actividad y estado nutricional como moduladores de la disposición para el juego, produce mejoras significativas en el desarrollo socioemocional y la regulación conductual de niños con TND (TEA/TDAH) y DI comórbida atendidos en una escuela especial de Las Tunas?
Marco teórico del problema
Los Trastornos del Neurodesarrollo (TND) constituyen un grupo de condiciones de origen biológico que afectan el desarrollo del sistema nervioso central, manifestándose tempranamente en la infancia y persistiendo a lo largo de la vida. Dentro de este grupo, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se encuentran entre las condiciones más prevalentes en la práctica clínica infantil. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que 1 de cada 160 niños presenta TEA, mientras que el TDAH afecta aproximadamente al 5-7% de la población infantojuvenil a nivel global (Organización Mundial de la Salud, 2019). Estas condiciones se caracterizan por alteraciones en múltiples dimensiones del desarrollo: comunicación social, flexibilidad cognitiva, procesamiento sensorial, regulación emocional y control de impulsos, lo que genera un impacto significativo no solo en el niño sino en todo seu sistema familiar y educativo.
La regulación emocional y conductual emerge como un área particularmente crítica en los TND. Los niños con estas condiciones presentan con frecuencia dificultades para identificar, expresar y modular sus estados internos, lo que se traduce en conductas desafiantes, crisis emocionales, retraimiento social y altos niveles de estrés fisiológico. Este estrés crónico, a su vez, afecta negativamente la neuroplasticidad y la capacidad de aprendizaje, creando un círculo vicioso que dificulta el progreso terapéutico (Siegel & Bryson, 2012). Las intervenciones tradicionales han abordado estas dificultades de manera fragmentada: la terapia del lenguaje se enfoca en la comunicación, la terapia ocupacional en la integración sensorial, la terapia conductual en la modificación de conductas, y la psicoterapia en el procesamiento emocional. Sin embargo, esta fragmentación no respeta la naturaleza integrada del desarrollo infantil ni la experiencia subjetiva del niño.
La Terapia de Juego como abordaje integrativo
La Terapia de Juego emerge como un abordaje privilegiado para trabajar con niños precisamente porque el juego constituye su lenguaje natural y su principal medio de expresión, aprendizaje y relación con el mundo. Desde las formulaciones clásicas de Piaget (1962) y Vygotsky (1978) hasta los desarrollos contemporáneos en neurociencia afectiva, el juego es reconocido como el motor del desarrollo cognitivo, social y emocional. Durante el juego, el niño no solo se divierte, sino que ensaya roles, procesa experiencias, regula sus estados internos, negocia significados con otros y desarrolla funciones ejecutivas esenciales como la planificación, la flexibilidad y el control inhibitorio. La Terapia de Juego, en sus diversas modalidades, aprovecha este potencial terapéutico del juego, ofreciendo un espacio seguro y contenedor donde el niño puede ser él mismo, expresar sus conflictos y desarrollar nuevas formas de relación y autorregulación (Landreth, 2012; Winnicott, 1971).
Factores que modulan la disposición para el juego
Desde esta perspectiva integrativa, la disposición para el juego en niños con TND no puede darse por sentada, sino que debe ser comprendida como el resultado de la interacción de múltiples factores. Desde el punto de vista neurobiológico, el estado del sistema nervioso autónomo -regulado por la Teoría Polivagal de Porges (2022)- determina la capacidad del niño para estar en un estado de calma y seguridad que permita la conexión social y el juego. Un niño en estado de hiperactivación simpática (lucha/huida) o de hipoactivación dorsal (congelamiento) no puede acceder al juego social, por muy atractivos que sean los materiales. Desde el punto de vista sensorial, las particularidades en el procesamiento sensorial (hiper o hiporreactividad) pueden hacer que ciertos estímulos lúdicos resulten aversivos o, por el contrario, insuficientemente atractivos, afectando la motivación para jugar. Desde el punto de vista emocional, las experiencias previas de fracaso, rechazo o sobreexigencia pueden generar ansiedad anticipatoria hacia situaciones de interacción, inhibiendo la curiosidad y la exploración lúdica. Desde el punto de vista relacional, la calidad del vínculo con el terapeuta y con las figuras de apego constituye el andamiaje afectivo que sostiene la disposición para el juego; un niño que no se siente seguro con el adulto no podrá desplegar su potencial lúdico (Schore, 2019).
El tiempo y los ritmos biológicos en la disposición para el juego
Un factor frecuentemente subestimado en la disposición para el juego es la variable tiempo, entendida no solo como la duración de la sesión, sino fundamentalmente como los ritmos biológicos y circadianos del niño. El ser humano posee un reloj interno que regula ciclos de sueño-vigilia, liberación hormonal, temperatura corporal y estado de alerta a lo largo del día (Miike et al., 2024). En los niños con TND, estas oscilaciones pueden ser más pronunciadas o atípicas, influyendo directamente en su capacidad para involucrarse en actividades lúdicas y sociales.
La calidad y cantidad del sueño constituyen determinantes críticos de la regulación emocional y conductual. Durante el sueño, especialmente en fases de sueño profundo y REM, se consolidan aprendizajes, se procesan emociones y se restablece el equilibrio neuroquímico (Miike et al., 2024). Un niño con privación de sueño o con despertares frecuentes presentará mayor irritabilidad, menor tolerancia a la frustración, dificultades atencionales y una mayor probabilidad de conductas disruptivas. Asimismo, el tiempo de exposición a pantallas (televisión, dispositivos móviles, computadoras) emerge como un factor modulador relevante sobre los patrones de sueño y la atención (Gomes & Goldman, 2024).
El estado nutricional como base de la regulación
Otro pilar fundamental desde la perspectiva de la medicina integrativa es el estado nutricional. El cerebro es un órgano metabólicamente muy activo, consumiendo aproximadamente el 20% de la energía total del cuerpo, y su funcionamiento óptimo depende de un aporte adecuado y equilibrado de nutrientes (Clemente-Suárez et al., 2025). En niños con TND, las particularidades alimentarias (selectividad, aversiones sensoriales, restricciones) son frecuentes y pueden comprometer este aporte. Deficiencias de hierro, zinc, magnesio, ácidos grasos omega-3 y vitaminas del grupo B se han asociado con mayor irritabilidad, labilidad emocional, dificultades atencionales y problemas de conducta (Zielińska et al., 2023).
Justificación
A nivel global, las últimas décadas han sido testigo de un aumento significativo en la prevalencia diagnosticada de TND, lo que ha generado una demanda creciente de servicios de atención temprana e intervención especializada. Cuba posee un sistema de salud pública universal, gratuito y de cobertura nacional que constituye un logro significativo y una base sólida sobre la cual construir respuestas a las necesidades de la población infantojuvenil con TND. Sin embargo, a pesar de estos recursos, persisten desafíos importantes como la fragmentación de las intervenciones y la ausencia de programas estructurados de Terapia de Juego que integren los diferentes componentes del desarrollo infantil.
En la provincia de Las Tunas, los servicios para niños con TND se concentran principalmente en el Centro Escolar Especializado Turcios Lima, institución que atiende a niños con diversas necesidades educativas especiales. A solicitud expresa de la dirección del centro y del equipo de psicopedagogos, se diseñó este programa piloto ante la urgencia de abordar las conductas disruptivas frecuentes, el bajo control emocional y las dificultades comunicativas. La implementación de un programa de Terapia de Juego Integrativa en este contexto contribuye a llenar un vacío en la oferta terapéutica local, ofreciendo una intervención no farmacológica, costo-efectiva, que involucra activamente a las familias.
Objetivos
Objetivo general
Evaluar la efectividad de un programa de Terapia de Juego Integrativa en la mejora de las habilidades socioemocionales y la regulación conductual de niños con Trastornos del Neurodesarrollo (TEA y TDAH) atendidos en el Centro Escolar Especializado Turcios Lima del municipio de Las Tunas, durante el período febrero-julio de 2026, considerando la influencia de los hábitos de sueño, los ritmos de actividad y el estado nutricional en la disposición para el juego.
Objetivos específicos
Diseñar e implementar un protocolo de Terapia de Juego Integrativa de 12 semanas de duración, estructurado en fases progresivas y adaptado a las características individuales de niños con TEA y TDAH.
Caracterizar la muestra de estudio en términos sociodemográficos, clínicos, antropométricos (peso, talla, IMC), hábitos de sueño, patrones de actividad y exposición a pantallas, previo a la intervención.
Evaluar, mediante escalas validadas y observación sistemática, los cambios en las habilidades socioemocionales y en la regulación conductual de los niños participantes antes y después de la intervención.
Explorar, a través de entrevistas semiestructuradas y grupos focales, la percepción de padres/cuidadores sobre los cambios observados en sus hijos y en la dinámica familiar.
Analizar la relación entre las variables de hábitos y estilos de vida y la disposición para el juego observada durante las sesiones terapéuticas.
Identificar los factores que facilitaron o dificultaron la disposición para el juego en los niños durante el proceso terapéutico.
Triangular los hallazgos cuantitativos y cualitativos para comprender la experiencia integral del proceso terapéutico y generar recomendaciones para futuras intervenciones.
MATERIALES Y MÉTODOS
Se trata de una investigación de métodos mixtos (cuali-cuantitativa), con un diseño cuasi-experimental de tipo pre-post con un solo grupo (mediciones antes y después de la intervención). Participaron 18 niños (12 varones, 6 niñas) con edades entre 5 y 10 años, con diagnóstico confirmado de TEA (61.1%) o TDAH (38.9%) y Discapacidad Intelectual comórbida (44.4% leve, 38.9% moderada, 16.7% grave), atendidos en el Centro Escolar Especializado Turcios Lima.
Instrumentos de recolección de datos
1. Instrumentos cuantitativos: Cuestionario sociodemográfico y de estilos de vida; Escala de Evaluación de Habilidades Socioemocionales; Lista de Chequeo de Conducta Infantil (CBCL); Escala de Estrés Parental (PSI-SF); Cuestionario de Hábitos de Sueño en Niños (CSHQ); Medidas antropométricas (peso, talla, IMC).
2. Instrumentos cualitativos: Escala de Observación del Juego Socioemocional (EJOS); Registro de Incidentes Críticos; Entrevistas semiestructuradas iniciales y finales con padres; Grupo focal con padres; Diario de campo del terapeuta; Producciones gráficas y lúdicas.
RESULTADOS Y DISCUCIONES
En la evaluación inicial, el 72% de los niños presentaba hábitos de sueño deficitarios (CSHQ > 48) y el 56% presentaba sobrepeso u obesidad. Asimismo, el 82% de los niños no lograba dominar materiales simbólicos planos (tarjetas pictográficas), lo que motivó la sustitución de todo material plano por objetos tridimensionales y apoyos gestuales a partir de la sesión 6 (alcanzando un 89% de dominio, chi-cuadrado = 16.2, p < 0.001).
En cuanto a la efectividad de la intervención, se observaron mejorías estadísticamente significativas con tamaños del efecto medianos a grandes:
CBCL - Total problemas conductuales: Disminuyó de 68.2 a 59.4 (t = 4.2, p < 0.001, d = 0.85).
CBCL - Externalización: Disminuyó de 72.1 a 63.3 (t = 3.5, p = 0.002, d = 0.71).
CBCL - Internalización: Disminuyó de 61.5 a 56.8 (t = 2.8, p = 0.012, d = 0.49).
PSI-SF - Estrés parental total: Disminuyó de 86.4 a 78.1 (t = 3.1, p = 0.006, d = 0.58).
CSHQ - Calidad del sueño: Mejoró de 49.2 a 44.3 (Z = -2.9, p = 0.004, d = 0.62).
EJOS - Puntaje global de juego socioemocional: Incrementó de 2.4 a 3.9 (t = -7.2, p < 0.001, d = 1.20).
El análisis de correlación mostró que las horas de sueño nocturno se correlacionaron positivamente con el cambio en la disposición para el juego (r = 0.52, p = 0.02), mientras que la exposición a pantallas se correlacionó negativamente (r = -0.49, p = 0.03).
Temas cualitativos emergentes
Mejora en la regulación emocional: Menos crisis, mayor tolerancia a la frustración y uso de estrategias aprendidas (respiración, pedir ayuda).
Impacto de hábitos de sueño y alimentación: Relación directa entre mal sueño e irritabilidad diurna, llevando a cambios positivos en las rutinas familiares.
Dificultades con materiales abstractos: Rechazo inicial a las tarjetas y preferencia absoluta por objetos tridimensionales reales.
Beneficio de sesiones individuales prolongadas: Mayor seguridad y consolidación del vínculo terapéutico con el terapeuta.
Transición al juego colectivo: Inicio conflictivo que evolucionó favorablemente hacia la cooperación y el respeto de turnos hacia la sesión 16.
Discusión
Los resultados confirman la alta comorbilidad entre trastornos del neurodesarrollo y discapacidad intelectual en el contexto escolar especial de Las Tunas. La necesidad de adaptar los materiales simbólicos a formatos tridimensionales concuerda con hallazgos internacionales previos sobre la diversidad del juego funcional en autismo. Asimismo, la disminución gradual de las conductas disruptivas tras las sesiones individuales iniciales respalda la Teoría Polivagal de Porges, evidenciando que el establecimiento de un estado de seguridad neurofisiológica es un prerrequisito indispensable para la interacción social y el juego colectivo.
Conclusiones
El programa de Terapia de Juego Integrativa evaluado en este estudio piloto muestra evidencia preliminar de efectividad para mejorar la regulación conductual y las habilidades socioemocionales de niños con TND y DI comórbida en una escuela especial de Las Tunas. Los resultados justifican la realización de un ensayo controlado aleatorizado con muestra más amplia, inclusión de grupo control y mediciones fisiológicas (variabilidad cardíaca, cortisol, biomarcadores nutricionales) para consolidar la validez científica y práctica del modelo. A pesar de sus limitaciones, esta tesis constituye el primer paso hacia intervenciones integrativas basadas en la evidencia en el contexto cubano.
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